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En esa soledad de
madrugada
Andrés
Díaz Marrero
Recogí de tu estampa la
energía
trasvasada en placer y arrobamiento
aspiré tu sonrisa perfumada
y penetré en tu sueño.
Me detuve revoloteando,
dando albricias, cual mariposa
que acaricia la flor que roza su ala.
Me llené con tu voz:
lluvia de espejos,
delirio de camándulas doradas,
brisa sin premura, apresurada.
Fue un rapto, un estallido, un torrente de luz;
un ardor indecible, pasión santa
que ungió profunda mi raíz hasta los
huesos,
con el bálsamo de tu mirada.
Hoy presente en la tiniebla
que el recuerdo de tu luz resalta
viajo hacia el futuro transformado,
pasado en presente conjugado,
pasado y presente recordado
en ansias destempladas
en ansias y más ansias, y más ansias
en esta soledad de madrugada.
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