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Eran las once de la
mañana y el hambre se dejaba sentir. En el
estómago las tripas le saltaban inquietas. Bien
temprano había lustrado un par de zapatos.
-Un trapo eh peseta en toa la mañana
no da pa'
na'. Pa' un café y un pastelillo. -Pensaba; mientras
sus flacos dedos acariciaban la moneda dentro del bolsillo.
Calle arriba y calle abajo iba gritando: -¡Brillo!,
¡Brillo!, ¿Brillo Místel? -Sintió el
roce de unas lloviznas en la cara y dijo para sí
-¡Carajo! Ehtá empezando a llover. ¡Hoy
sí qué ehtoy calne! Y diciendo esto
acurrucó su cajón de limpiabotas bajo el
brazo; encorvándose como tratando de hacerse
más pequeño para esquivar las lloviznas; y con
paso apresurado entró en una fonda cercana.
El aguacero se hizo fuerte; las alcantarillas de Río
Piedras hacían gárgaras con el agua; que,
apretujándose gota con gota, corría
vertiginosamente por los declives de las calles.
Papo sintió el olor de las frituras; observó
los letreros: Tacos, 25 centavos; empanadillas argentinas,
30 centavos; alcapurrias, 15 centavos. Había entrado
a un negocio demasiado cercano a la plaza; y los precios no
se ajustaban a su presupuesto.
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La boca se le hacía agua con
aquel rico olor a comida y a frituras. Quedóse
embelesado; contemplando, las frituras, hábilmente
ordenadas en aquella vitrina; cuyo calor interno, en
contraste con la humedad del día, las envolvía
en una especie de vapor translucente.
-¡Qué madre! Va a seguir lloviendo. ¡Por lo
vihto no pego un pal máh!; ¡Diantre, una peseta
pa' comel to' el día! ¿Y pa' dormil? El
hohpedaje vale treh peseta; pa' dormil necesito medio peso
máh
Grup, prap, trup
-le contestaron las
tripas como si hubiesen tomado la iniciativa de participar
en su decisión.
-Místel -reclamó al tendero -dame un taquito
desoh... No, no, el que ehtá al lao; el máh
goldito; -añadió con humildad -y me regala un
poquito de agua.
Entregó la peseta como quien se despide de un ser
querido; contemplando su redondez y quedándosele en
la mano la sensación del frío y duro metal.
Alternando bocados del taco con sorbos de agua, las tripas
celebraron su victoria.
Terminó su desayuno; almuerzo y posiblemente cena. Su
vista recorrió con rapidez el suelo.
-¡Aja! -Allí estaba; acostada en el suelo;
aplastada, un poco desgreñada, una señora
colilla.
-¡Viejo, qué chévere!-
Fundiendo palabra y movimiento la levantó con
delicadeza; la sacudió con sus anémicos dedos;
y comenzó a restaurarle la redondez que había
perdido. Buscó dentro del cajón los
fósforos y se obsequió con tres o cuatro
fumadas
La lluvia continuó durante todo el día.
Papo encontró un zaguán para pasar la noche.
Buscó entre los zafacones que bajan con la tarde;
desenvolvió el periódico de la mañana;
que allí había sido descartado; fue a un
rincón, y comenzó a preparar su cama;
extendiendo las anchas hojas de papel impreso sobre las
losas frías. Su vista se fijó sobre la
fotografía de una mujer hermosa que en traje de
baño desplegaba la primera página.
-Seño...rita Puer...to Ri...co, co...ro...nada Miss.
Uni
verso -leyó.
-¡Vaya, qué mami!-
Recostando el retrato de aquella beldad sobre su pecho se
extendió lo más cómodo posible. Al
lado, impresas, las declaraciones del gobernador:
«Puerto Rico, democracia y progreso, puente de las dos
Américas.
En otra columna, donde Papo recostaba los pies, «Jaime
Benítez explica Universidad como casa de
estudio» y pillado con el borde del cajón de
limpiabotas
«Fomento Industrial asevera economía de Puerto
Rico es sólida; percápita aumentó
Con el retrato de Miss. Universo apretado sobre su pecho,
cerró los ojos y se sumó al
silencio.
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