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La Guardia de Choque
entró a la Universidad, en forma de cuña, con
sus bastones eléctricos y sus relucientes cascos
blancos. Las máscaras antigases que llevaban puestas
les hacían parecer seres de otro planeta. Los
estudiantes se habían dispersado formando
pequeños núcleos dentro de la humareda de gas
lacrimógeno. Plaps, tap, plaps, taps
se
escuchaban las botas. Goliat en cada pisada
crecía.
La refriega virtualmente había terminado. Una que
otra piedra cruzaba el espacio. Gritos y abucheos se
escuchaban ocasionalmente.
_¡Que no quede uno! _vociferó el Comandante.
Mientras los bastones eléctricos buscaban las
costillas, encontrando la más de las veces: brazos,
torsos y cabezas.
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_¡Cuidado Joaquín! _le
gritó Teresa, al ver el policía avanzando
sobre él.
Joaquín lo vio acercarse con el bastón en
alto; apretó las piedras entre sus manos como si
quisiera condensarlas; hacerlas más pesadas.
Calculó la distancia y con un tiro certero le
asestó en una pierna.
_¡Hijo é Puta deja que te agarre! _gritó
el policía, dolorido; y se le vino encima.
La distancia se acortó súbitamente. En el
fondo se escuchaban algunas detonaciones y se veía
avanzar la tropa con las bayonetas caladas sobre los
fusiles; otros con sus revólveres al aire.
Joaquín le lanzó la otra piedra que
pasó rozándole el vientre.
_Te voy a joder _masculló el policía.
_¡Abusador! ¡Abusador! _gritaba Teresa, mientras
el bastón eléctrico era descargado sobre
Joaquín.
El joven en el suelo se acurrucaba tratando de esquivar la
lluvia de puntapiés sobre su vientre y su costado. Se
le había caído la camisa que utilizaba como
máscara antigás; y sobre su cara se mezclaba
la sangre con sus lágrimas.
En un esfuerzo desesperado, ahora gateando, ahora corriendo,
ahora rodando; instintivamente, se salió del
círculo de los golpes. Con dolor agudo en el vientre,
sólo pensaba en huir
No podía ver por
los efectos del gas; la sangre le bañaba el rostro.
Teresa quiso socorrerlo; pero un silbido la detuvo a medio
camino; por debajo de su oreja izquierda manaba un hilillo
de sangre. Se detuvo callada; dobló sus piernas
cuidadosamente como si fuera a sentarse; tocó el
suelo y se extendió sobre él. Unos cuantos
latidos se sintieron pulsar y desvanecerse
Al lado,
esparcidos por el suelo su libros.
Joaquín fue detenido. La radio informaba al pueblo
sobre varios heridos y algunos muertos; todos estudiantes.
El rector anunciaba «La vuelta al orden
institucional
»
La guardia «En retirada» comentaba:
_¡A estos sinvergüenzas lo que hay es que meterles
leña!
_Cogí a uno, le di de arroz y masa.
_Lo más que agalla son los gritos esos de
¡Abusador y Vende Patria!
_A mí plin, si con esta maceta le hago tragar los
dientes.
_¡Tanta protesta! ¿Pero es que estos muchachos no
se dan cuenta de que viven en una democracia?
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